Llegamos a Bucarest a las 7 de la mañana (con más sueño que vergüenza), después de 4 horas de vuelo intentando conciliar el sueño entre cabezazo y cabezazo.
Con una especie de jet-lag psicológico, y digo psicológico porque solo hay una hora de diferencia, hemos comprado los billetes del bus que nos ha traído hasta el centro de la ciudad, donde estaba nuestro hotel.
Tras dejar las maletas, ya que evidentemente la habitación no estaba lista, hemos comenzado nuestra primera incursión en la ciudad, aunque antes hemos tomado un desayuno de tortilla con cafetito, acompañado de un vaso de leche sola con miel (una cosa mu rara, pero es que la chica se ha empeñado en traer la leche a pesar de que queríamos un café porque venía con el desayuno, y mira, con la caraja que teníamos... pues ale, los dos con nuestro vasico de leche templada tipo Heidi).
Hoy ha sido un día de pateo total, entre otras cosas porque necesitábamos estar activos para no dormirnos por los rincones. Así que hemos andado para ver un poco la esencia de la ciudad sin entrar a ningún sitio concreto y estas han sido nuestras primeras impresiones:
"Una ciudad decadente, donde se aprecia el paso de los años y los restos del comunismo en sus majestuosos edificios de piedra desgastada y sucia, emplazados en extensas y amplias avenidas. Quizás su "amplitud" sea la característica más destacada de Bucarest".
Es en esta ciudad donde se encuentra uno de los palacios más grandes y opulentos del mundo, el PALATUL PARLAMENTULUI, que según hemos podido ver actualmente se encuentra el Parlamento.
Mañana continuaremos con nuestra visita por el casco antiguo.
1 comentario:
Ale, a disfrutar de esas merecidas vacacionesSarita y Pepito.
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