(23 de abril de 2008)
Cojo mi alforja y llenándola con algunas monedas, salgo a la calle para encontrarme de bruces con miles de rosas y otros tantos libros. Ejemplares muy diversos surgen en cada esquina, y entre sus páginas, se encuentra el "secreto", el mismo que guardan las rosas tras ese aroma que rezuman.
Cuenta la leyenda, que en un lugar no muy lejos de aqui, se ocultaba un dragón de tal fiereza y tan descomunal tamaño, que tenía atemorizadas a las gentes de la comarca. Para apaciguar su ira, se sacrificaba diariamente a una persona escogida por sorteo. Un día la suerte señaló a la hija del rey, que habría muerto de no ser por la aparición de un santo varón llamado Jordi. El bello caballero de armadura luchó con todas sus fuerzas hasta que consiguió vencerlo. Dicen, que al morir, de la sangre del dragón creció un bellísimo rosal de flores rojas del cual cortó la más hermosa rosa para regalársela a la noble dama.
"Día del libro", así lo llaman los intelectuales, esos que comparten el gusto por las letras, por las historias narradas que se pierden entre tantas páginas con el fin de cautivar a su inesperado lector.