martes, 31 de marzo de 2026

DÍA 5: DESPERTAR EN EL DESIERTO Y VIAJE A ZAGORA

 06.45 h. suena el despertador- Y aunque  tengo unos segundos de pereza, enseguida me doy cuenta que el amanecer en el desierto me está esperando y quiero disfrutar de él. Así que me visto, me pongo las zapatillas y salgo hacia la duna. 


La arena está fría y húmeda, ahora no puedo ir descalza porque se me congelarían los pies. Avanzo por la zona buscando el sitio perfecto en el que quiero ver el amanecer. Al principio pienso en quedarme en la parte baja, para al final decido seguir caminando y llegar a una de las dunas altas. Me apetece tener un instante en soledad para disfrutar de ese amanecer. Así que cojo la cresta de la duna hasta llegar a la cima de la que he elegido.

Ya es casi la hora de salir el sol... y de repente aparece el primer reflejo en le horizonte.

    

Y poco a poco va subiendo.

  

Su luz se va reflejando en las ddunas próximas creando nuevas formas.


 



  



Los colores que aparecen son imposibles de recoger en una foto, solo puedes vivirlo y tratar de no olvidar.

Es la inmensidad y la grandiosidad de la naturaleza en esta puro y salvaje. 

El espectáculo natural más impresionante que han visto mis ojos. Sin lugar a dudas, el desierto es uno de los sitios más maravillosos y espectaculares en los que he estado y su amanecer, es algo que no podía perderme. 

De camino al campamento decidí quitarme las zapatillas para caminar de nuevo por la arena con los pies descalzos. En esta ocasión, la arena esta muy fría y noté cómo me empezaban a doler los pies activando mi circulación. No obstante, decidí aguantar el frío a cambio de la gustosidad que supone caminar en la arena del desierto.

Tras el desayuno, tuvimos un poco más de tiempo libre y me subí de nuevo con Leo a las dunas. Para él ha sido también una experiencia increíble que ha disfrutado desde el mismo instante en que pisó la arena. De hecho ambos dijimos que nos hubiera gustado quedarnos en el desierto un día más, pero esta vez no ha podido ser. Quizás la siguiente. 

 



 

En esta última expedición hemos ido a ver a un grupo de camellos que estaba cerquita del campamento y les hemos dado los "buenos días".


Y así estuvimos hasta que llegó nuestro guía a recogernos para iniciar de nuevo el viaje hacia Zagora.

No sin antes despedirnos de nuestro amigo Mourad, que ha sido nuestro mejor anfitrión en el campamento. Hasta la próxima.
 
En el camino hacia Zagora, hemos hecho varias paradas. La primera, la hicimos justo a la salida del campamento, porque vimos al pastor de dromedariaos que estaban pastoreando. Así que nos bajamos a saludarle a él y nuestros amigos dromedarios. 
La verdad es que son animales muy pacíficos, al menos estos que están acostumbrados a estar con gente. Tienen una piel super dura, yo tengo la teoría de que no sienten las carencias que se le hacen con tanto pelaje, jajajaa.
 

Después atravesamos una manada de avestruces. Qué risas nos pasamos, porque no veas cómo corren en cuanto te oyen aparecer. Intuyen que les puedes dar comida y vienen a toda pastilla a ver qué les das. El caso es que para echarles un poquito de pan hay que abrir la ventanilla, y una de las veces, mi madre en vez de subirla corriendo, la bajó sin querer y se puso nerviosa, asi que menos mal que estaba Leo cerca y fue a cerrarla si no igual nos hubieramos quedado sin madre, porque las aves estas meten el cuello por cualquier lado. De hecho, picoteaban el cristal para que les abriéramos. 
Menudo momentos de tensión. 
Y no había una, es que había como 10 alrededor del coche. 
Nos echamos buenas risas.

 


La verdad  es que es curiosa la cara tan divertida que tienen estos dos animales. Jajajahja.

También vimos por el camino un par de antílopes (bueno o así creemos que se llaman)

Hicimos una parada es un OASíS, otra curiosidad que existe en el desierto. Y es que bajo tanta arena, tierra y roca, se esconde el agua. De hecho, durante el recorrido hemos pasado por varios pozos.  Y en algunos momentos, ese agua rebosa haciendo crecer la vegetación. 
 

Después fuimos a visitar la casa donde vive una familia nómada.

 

 
Cuando ves estos sitios, siempre me vienen las mismas ideas a la cabeza. 
¿De qué viven? ¿Por qué están ahí con el calor que hace? ¿Cómo es su vida? ¿cómo pueden soportar tanta soledad de forma continua? ¿Qué hacen si se ponen malos?
 Supongo que preguntas habituales cuando la realidad que observas y la que vives es tan distinta. 
Un choque de realidad que te coloca en el mundo de otra manera.
 

 


 

Continuamos el viaje hasta otro campamento donde nos esperaban para comer. 
Nos recibieron con un té de bienvenida.
  

Y después nos llevaron al salón para comer-
 
   




Y desde allí, ya nos fuimos directos a Zagora "La puerta del desierto". Esta ciudad se caracteriza porque está alrededor de un palmeral, pero no hay mucho que visitar. Los viajeros paramos aquí, porque es una parada casi obligatoria para llegar al desierto o voler a él, ya que el camino es largo hasta que llegas.
  

Aquí nos encontramos la otra cara de la moneda. El hotelazo, con todas las comodidas a nuestra alcance. Así que solo te queda dar gracias a vida por permitirnos disfrutar de estos instantes.

 

 






 


lunes, 30 de marzo de 2026

DÍA 4: HACIA EL DESIERTO DE ERG CHEGAGA

 Hoy ponemos rumbo al desierto de Erg Chegaga el más extenso de todo Marruecos y el de más difícil acceso, y por tanto con muchos menos turistas.

La mayoría de los turistas visitan el desierto de Erg Chebbi porque se encuentra cerca de una población y por sus inmensas dunas que llegan a 150 metros. En Erg Chegaga las dunas son de menor tamaño, pero es mucho más extenso.

La otra gran diferencia es que para acceder a él es necesario atravesar una zona desértica que solo es posible acceder a él en 4x4, de unas 2/3 horas por pistas llenas de roca y arena.

Hoy nuestro guía Adi, venía con el traje típico del desierto.


Hicimos parada en TAMEGROUTE, antiguo centro de enseñanza y religión, caracterísiticas por su cerámica verde.

Visitamos una biblioteca que alberga más de 4000 manuscritos y que actualmente, es un punto religioso de referencia en Marruecos.


  


Desde allí nos adentramos a una kasbah muy peculiar que se encuentra enterrada, enterrada con el fin de soportar las altas temperaturas y donde además siguen viviendo cientos de familias de forma tradicional. 

Esta es la entrada a la kashba.


  

Es un entramado de calles princiaples y callejuelas que lo cruzan,

  

La casas son una especie de cuevas  hechas con adobe, en las que apenas entra luz, pero que gracias a eso, guardan temperaturas más frescas en el interior.
Sus casas son pequeños habitaculos donde no hay muebles ni enseres. Aquí pudimos hacer foto a una casa qeu estaba abierta. Y junto a ellas, pequeños corrales donde guardan a los animales.
  

El entramado de calles termina en un centro de cerámica que hacen al estilo tradicional.
Al entrar al centro hay una gran explanada al aire libre donde se trabaja la materia prima: arcilla extraída de galerías subterráneas, a la que añaden agua, amasan y la dejan reposar.

En el interior hay un espacio donde se muestra la curiosa forma de modelar los objetos en un torno manual movidos por los pies y hundido en el suelo. De esta manera se mantiene una temperatura agradable de cintura para abajo, algo importante en un sitio donde se alcanzan temperaturas más altas.
Según terminan la pieza de tornear, la dejan secar al sol varios días.


 

También vimos como hacían pigmentos naturales, en este caso, negro. 

Y por último, accedes a la zona de cocción, un pequeño patio rodeado de hornos de piedra y adobe en cuyo interior meten muchas piezas. Una vez metidas, se cierra el horno con piedras y se introduce por la parte de abajo una mezcla de hierbas del desierto y madera de palma, consgiuiendo altas temperaturas.

 

Este centro actúa como cooperativa, es decir, que el dinero se reparte entre todos. Sin lugar a dudas el centro de alfarería impulsa la economía de esta ciudad.



Y desde allí, nos fuimos a comer a H´mid y tras la comida nos adentramos en las pistas para acceder al desierto. Las pistas son parte del Paris Dakar.

Por el camino nos encontramos un grupo de avestruces. Qué risa, el guía llamó a una y vino a toda pastilla a ver si le dábamos de comer.

Y después visitamos unos puestos de unas señoras nómadas que viven en el desierto. Increíble, verdad?
 

Y tras un par de horas por las pistas de tierra, arena y rocas,dando botes como la montaña rusa,llegamos a nuestro campamento.


    

Dejamos las maletas y nos preparamos para hacer el paseo en dromedario hasta las dunas más altas.
Qué emoción.
  
 

 

  

 


La subida a la duna grande es una trabajera importante, no morimos varias veces.
   

De camino nos encontramos algún amiguete también
 
Y cuando llegamos arriba, flipamos en colores. 
Un mar de dunas.
Y desde allí vimos el atardecer.
 

 




  

    
  

SUEÑO CUMPLIDO

Cuando el sol se fue, nos bajamos la duna a toda pastilla hacia el campamento y nos preparamos para cenar.
    


 Y acabamos la noche alrededor de un fuego escuchando los tambores del desierto.


  

Sin lugar a dudas, un maravilloso día.