Con bravura y mucho arranque preparé a mi pequeño rocín.

Era su primer viaje conmigo y teníamos que llegar a tiempo para recoger a la pequeña Harriet. Preparé la montura y como buena exploradora, cogí mi brújula (GPS), mis planos y despegué con tiempo suficiente por si ocurriera algún incidente.
Imaginaros mi estampa, cuando de repente, mientras yo continuaba concentrada por encauzar a mi rocín por el lado correcto, la brújula dejó de marcar el destino.
- Ay la Virgen del camino, ¿hacia donde me marcas tus hitos? Llévame con buen amparo hasta justo, tu ladito - Repetía una y otra vez.
- Ya tienes historia que contar a tus hijitos, ¿a que sí Saritagrillo?
Entre rezo y rezo, me vino la inspiración y por suerte encontré la señal para volver a mi camino. A tiempo llegué por fin, aunque lo mejor venía después.
Ahora, se acumulaban las tareas. Además de encontrar la dirección, hablar en inglés y conducir con precaución. Ahora ya sí sé, que se pueden hacer más de dos cosas a la vez.
Figuraros el plantel, - qué sudores, madre mía -, si en los mapas no aparece donde se encuentra la villa. Así que tras más de una hora con desorientación, nos decidimos a buscar una nueva solución.
-Mummy help us, pleaseeeeeeeeee-