Hoy hemos madrugado un poquito más de la cuenta porque teníamos excursión larga a la gran PLAYA DE COFETE. Desde nuestra casita, unas dos horas y no porque sean muchos kilómetros, sino porque la carretera cuando entras al Parque Natural de COFETE es como si te dirigieras a Mordor. Eso sí, espectacular el lugar y las vistas.
Por el camino nos hemos encontrado a unos burritos sabaneros.
Y aunque al camino hay que echarle paciencia, cuando ves la playa arriba de la montaña, es que flipas en colores. No puede ser más espectacular esta playa kilométrica.
Eso sí, al ser mar abierto había bastante oleaje, así que nos hemos quedado en la orilla remojando el culo.
Leo ha sufrido varias lavadoras, pero ha salido victorioso de ellas.
Y sobre todo, hemos paseado muchísimo hasta donde nos han llegado las ganas.
Una maravilla de lugar, un lugar escondido y fuera de la civilización, un lugar perfecto para perderse.
Meditar.
No se le puede pedir más al día. Otro día más fabuloso en esta Isla tan especial
















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